Anabela despertó con esa sensación familiar de náusea subiendo por su garganta y apenas llegó al baño antes de vomitar, era la cuarta mañana consecutiva y aunque había intentado convencerse de que era estrés o tal vez algo que comió, en el fondo sabía que había otra explicación más aterradora.
Max todavía dormía en la cama cuando regresó limpiándose la boca con agua fría, se miró en el espejo notando las ojeras que ninguna cantidad de maquillaje podía ocultar y el cansancio que se había ins