La sala de conferencias de Ocampo Industries estaba en completo silencio cuando Hugo Ocampo cerró la puerta tras de sí. Su expresión era indescifrable, pero el peso de su mirada cayó directamente sobre Anabela.
Habían pasado dos días desde el rescate. Dos días de declaraciones policiales, informes médicos y reuniones interminables con agentes federales. Dos días en los que Anabela apenas había dormido, perseguida por el recuerdo de esa navaja presionada contra la piel de Max.
Y ahora estaba aqu