Alexander Hugo Duarte corría por el jardín con piernas regordetas de dos años persiguiendo a Emma y Sofia quienes a sus siete años eran demasiado rápidas para él pero ocasionalmente se detenían permitiéndole alcanzarlas antes de salir corriendo de nuevo con risas que llenaban el aire de verano.
—¡Espérenme! —gritaba Alex con voz que todavía tenía ese tono de bebé aunque él insistía en que ya era niño grande.
—Tienes que correr más rápido hermanito —dijo Emma volteando para verlo tropezar sobre