Cinco días después
Anabela despertó con dolor que no era como las contracciones falsas que había experimentado durante semanas, esto era diferente, más profundo, más urgente, radiando desde su espalda baja hacia adelante con intensidad que le robó el aliento.
Se sentó en la cama esperando que pasara, pero en su lugar otra contracción llegó apenas tres minutos después, miró el reloj procesando que esto era demasiado temprano porque apenas tenía treinta y dos semanas, el bebé no debería llegar po