POV Anabela
Desperté en la oscuridad.
Mi cabeza palpitaba. La boca me sabía a químico. Y cuando intenté moverme, sentí las cuerdas apretando mis muñecas y tobillos.
"¿Qué...?"
Parpadeé varias veces, tratando de enfocar la vista. Poco a poco, mis ojos se ajustaron a la penumbra. Estaba en algún tipo de bodega. Paredes de concreto. Olor a humedad y metal oxidado. Una sola lámpara colgando del techo, proyectando sombras largas y distorsionadas.
Y entonces lo vi.
Una figura masculina caminó hacia la luz. Un hombre joven, tal vez de unos treinta años. Cabello despeinado. Ojos que brillaban con algo enfermizo. Inestable.
Se acercó a mí con una navaja en la mano. La hoja reflejaba la luz tenue.
—Despertaste... qué bueno —murmuró con voz rasposa—. Porque llevas dos horas durmiendo y ya no podía esperar más.
El pánico me golpeó como un martillo.
—¿Qué...? ¿Dónde estoy?
—Suficiente.
Otra voz resonó desde la oscuridad. Una que conocía muy bien.
Cuando la figura se dejó ver, mis ojos se abrieron