Nada terminó esa noche..solo empezó.
Ziara lo entendió al amanecer, cuando el silencio de la casa no era calma, sino contención, las paredes parecían escuchar los pasillos retenían ecos de palabras que no se habían dicho en voz alta, pero que ya habían cambiado el equilibrio entre todos.
Se levantó temprano, como siempre. No por disciplina, sino por costumbre, el hábito de no ocupar espacio, de no incomodar, seguía allí, aunque ella ya no lo obedecía del todo.
Se duchó sin prisa.
El agua calien