Ziara despertó antes de que sonara el despertador.
No fue sobresalto no fue ansiedad, fue costumbre nueva.
La luz gris del amanecer entraba por la ventana como una promesa discreta, durante unos segundos se quedó inmóvil, escuchando el pulso de la ciudad que empezaba a moverse bajo ella, tráfico lejano,un claxon aislado, el murmullo de una vida que no le debía nada y a la que ella tampoco.
Se incorporó despacio, había dormido bien profundamente, eso ya era una victoria.
En la cocina, mientras e