Ziara no se detuvo hasta estar fuera del edificio.
El aire frío le golpeó el rostro como un recordatorio brutal de la realidad sus manos temblaban, no de miedo, sino de una rabia contenida que le recorría el cuerpo con una lucidez peligrosa.
Caminó varios metros antes de permitirse respirar con profundidad.
Conveniente...Esa palabra seguía resonando en su mente.
Subió al coche y cerró la puerta con más fuerza de la necesaria,durante unos segundos, apoyó la frente contra el volante no lloró,no i