Ziara despertó con una sensación distinta, no más liviana, pero sí más definida como si el día no la esperara para exigirle algo, sino para ser ocupado por ella.
El primer gesto fue sencillo, no revisó el teléfono de inmediato, antes, el impulso había sido automático, correos, mensajes, alertas, la necesidad de estar disponible, de anticiparse a lo que otros pudieran necesitar de ella esa urgencia ya no mandaba se preparó café, abrió la ventana y dejó que el aire frío terminara de despertarla,