Intenté soltarme de su agarre pero cuando lo logré note que dos de sus hombres de seguridad estaban tras mí, me sentí tensa y nerviosa. «Nos vamos—sizeo—ahora». Los tipos comenzarons empujarme a la salida, trate de escabullirme pero el resultado fue infructuoso. Maldita sea, no entendía porqué ese maldito traidor no le dejaba en paz de una vez por todas.
—Estas arruinando mi noche, déjame volver con ellos—chillé molesta.
—No—gruñó—estoy harto de que antes detrás de ese estúpido.
Salimos de l