Firenze volvió a casa con Noah sin dirigirme una sola palabra. Fue como si el reclamo en la habitación de invitados nunca hubiera ocurrido, como si yo no existiera. Pero yo sabía que ese silencio no significaba olvido. No tenía idea de cómo solucionar esto, pero sí sabía una cosa: no podía permitir que me alejara de mis hijos.
Me encontraba observando a Noah más de la cuenta, tratando de asimilar lo rápido que crecía. Cada vez que lo tomaba en brazos, cada vez que lo escuchaba decirme "papá", s