70. Fabiana
Recordé cómo empezó todo con ella. A simple vista, Fabiana no era una mujer extraordinaria. No tenía nada deslumbrante ni especial. No llamó mi atención por su físico—no era particularmente atractiva—pero proyectaba una imagen de confianza que, en el fondo, escondía una necesidad desesperada de atención.
Era de esas mujeres que no necesitan mucho para ilusionarse, que confunden una mirada con una promesa. Y yo, que siempre he sabido leer a las mujeres, vi en ella exactamente lo que necesitaba e