68. Noticias devastadoras
Cuando llegué, la casa de su familia estaba en un tenso silencio. Noah estaba en el regazo de una de sus tías, balbuceando sin notar el ambiente pesado que los rodeaba.
—¿Dónde está Firenze? —pregunté.
La tía ni siquiera me miró.
—En el hospital, con su hermano y su papá.
No hizo falta que preguntara más. Las palabras que no se decían pesaban en el aire. El pronóstico era desalentador.
La espera se hizo eterna.
Finalmente, Firenze regresó. No necesitó hablar. Sus ojos hinchados y su rostro páli