El roce tímido de sus labios me confirmó que ella tambiém dudaba en cruzar esa línea invisible. Pero en cuanto nuestras respiraciones se mezclaron, toda contención acumulada durante años se desbordó. La tomé por la cintura, acercándola más a mí mientras sus manos se enredaban en mi cabello. La forma en que se rendía al momento, con sus labios ahora respondiendo a los míos, reafirmó mi deseo de seguir. No había barreras, no había resentimientos. Solo el presente, consumiéndonos con una intensida