La experiencia con Renata había reactivado mi sed de adrenalina. Esa necesidad de amores impersonales que alimentaban mi vanidad y satisfacían mi cuerpo se hacía latente. Grace era una gran compañera; me había acostumbrado a su presencia, pero nuestra relación había perdido toda novedad. ¿Sería posible mantener en secreto estos romances furtivos para no perder la comodidad de mi vida con Grace?
Esa noche llegué a casa sin pensar en una excusa. Al entrar, la vi dormida en el sillón, con una cop