Mientras perdía la vista entre las montañas, Eleanor agradeció lo aprendido en sus clases de geografía, pues de esa manera podía saber exactamente dónde era que se encontraban. Desde que salieron del palacio, sabía que el primer lugar en el que la buscarían sería con su madre, por lo que, en contra de su sentir, decidió buscar refugio en otro asentamiento humano.
—¿Quiere que descansemos, señorita? — preguntó Cordelia cuando notó que la joven cabeceaba del sueño.
—Estoy bien, Cordelia. — trató