Astor quiso creer que los primeros rayos de sol que le alumbraron el rostro fueron los que le despertaron, pero sería mentirse, era el décimo día consecutivo que no podía conciliar el sueño, desde que ella se fue, día y noche solamente pensaba en volver a verla.
«Para estas alturas ya debe estar en la tercera frontera, pero nadie ha podido dar con ella, ¿y si le sucedió algo?» pensaba, reprochándose su incompetencia pues siendo el emperador solamente podía esperar desde su palacio alguna nueva