—¿Para qué dártelo? ¿Para que acoses a Mari? —rechazó Eduardo malhumorado.
Lorenzo apretó los labios y balbuceó:
—No es para acosarla, es para...
—Preguntarle dónde está y traerla de vuelta —dijo bajando la voz.
—¿Para qué quieres que vuelva? ¿No querías divorciarte de ella? Ya firmaste los papeles, ya eres su ex marido, ¿por qué sigues molestándola? —cuestionó Eduardo.
—¡Nunca he pensado en divorciarme de ella! ¡Esa firma no es mía! ¡Ni siquiera he visto los documentos! —negó Lorenzo apresurada