Aurelio observó el rostro aparentemente normal del señor Cárdenas y respondió:
—No parece muy ebrio, todavía puede reconocerme.
Solo que quería llamar a su esposa y me llamó a mí por error.
—Realmente está muy borracho —insistió Isabella—. ¿De qué otra manera estaría sentado sin decoro en la acera?
Aurelio la miró, pensando que si el señor Cárdenas se iba con ella, no quedaría ni rastro de él. Con firmeza, respondió:
—El señor Cárdenas está perfectamente lúcido. Tiene dos reuniones internacional