—No digan tonterías, él es mi hermano —finalmente habló Isabella, haciendo una declaración firme.
Porque había estado observando hacia afuera con el rabillo del ojo y ya había llegado el secretario de Daniel.
—¿Hermano? ¿No será tu sugar daddy? ¿En su círculo ahora cambiaron la forma de llamarlos? —la miró Anabel con desprecio burlándose.
Justo cuando terminó de hablar, vio que entraba un hombre por la puerta, llevaba lentes de marco dorado y era extranjero.
—Señor Steve, estas mujeres atacaron