Mientras reflexionaba, alguien llamó a la puerta. Era Aurelio que regresaba.
—¿Ha despertado? —preguntó Lorenzo de inmediato.
—Sí —respondió Aurelio.
—También pregunté a la enfermera sobre su estado detallado. Se está recuperando bien, ya no necesita oxígeno, aunque tiende a tener mucho sueño.
Lorenzo no mostró ninguna reacción, manteniendo su rostro frío. Aurelio no podía ver ni un ápice de alegría por el despertar de la señora.
Después de quedarse de pie varios segundos, cuando estaba a punto