Si los testimonios de los paparazzi se podían falsificar, en la vigilancia Isabella había abierto la estufa de gas de la cocina a medianoche...
—No mentí, ¿verdad? Será mejor que no te ciegues por el afecto familiar y pierdas la capacidad de distinguir el bien del mal —dijo Lorenzo con desdén.
Daniel levantó la cabeza para mirarlo, con ojos fríos y severos.
Aurelio, temiendo que volvieran a pelear, se acercó nervioso para "explicar":
—Señor Acosta, nuestro señor Cárdenas no quiso decir eso, él q