Con esas palabras y aún con el altavoz encendido, en la oficina del presidente de grupo Cárdenas, Aurelio escuchó que los dos empezaron con las espadas desenvainadas listos para atacar, y hasta él mismo sudó frío.
Este señor Acosta era tan directo, ¿acaso el señor Cárdenas lo había ofendido de alguna manera?
Frente al escritorio, Lorenzo al escuchar que Daniel claramente le había dicho que "no se dignaba a verlo", inmediatamente cerró los puños y lo miró con ira.
¡Maldita sea, este Daniel realme