Ante la "orden" del señor Bustamante, Marisela se volteó lentamente como un caracol, sin levantar la cabeza para mirarlo, sacó silenciosamente su teléfono del bolso.
Lo desbloqueó, abrió la aplicación social, activó el escáner, y lo dirigió hacia el código.
La pantalla mostró la página de contacto, bajo la mirada amenazante de cierta persona que parecía querer devorarla.
Extendió el dedo índice, se detuvo un segundo, y presionó.
En la mesa.
En la pantalla del teléfono del hombre apareció un mens