—Realmente muy blanca —respondió Ulises.
Blanca hasta el punto de reflejar, como porcelana, como una nube, añadió mentalmente.
—¿Ves? Hasta Ulises está de acuerdo conmigo —dijo Celeste al escucharlo.
Marisela le dedicó una sonrisa. Celeste continuó charlando con ella, y al poco tiempo llegaron al restaurante.
El auto se estacionó en el estacionamiento exclusivo, los tres subieron en el elevador y entraron al salón, donde un mesero los llevó al reservado que habían apartado.
En ese momento, en la