Con esto se resolvía el misterio. Este malentendido no había sido culpa de Marisela, ni suya, sino de ese maldito Germán.
¿Y encima se había atrevido a comerse gratis en su restaurante? ¿¿Cómo pudo hacerlo con tanta desfachatez??
Ulises tenía la cara totalmente seria, y como sus ojos mostraban enojo, hizo que el subordinado que estaba dando el reporte hablara cada vez más bajo, pensando que su presentación era pésima.
—¿Ya terminaste? —Ulises levantó la vista hacia la presentación proyectada.
—A