La puerta derecha, que nunca había quedado bien cerrada, fue abierta completamente desde fuera. El guardaespaldas dijo:
—Señor, por favor, baje del vehículo.
Lorenzo lo miró con furia en el rostro, y el guardaespaldas insistió:
—Si no baja por su cuenta, nos veremos obligados a sacarlo nosotros mismos.
Lorenzo permanecía en silencio, en resistencia pasiva, analizando al personal a su alrededor y planeando cómo escapar una vez que bajara.
Pero el destino no estaba de su lado. Otro guardaespaldas