Capítulo 239
La puerta derecha, que nunca había quedado bien cerrada, fue abierta completamente desde fuera. El guardaespaldas dijo:

—Señor, por favor, baje del vehículo.

Lorenzo lo miró con furia en el rostro, y el guardaespaldas insistió:

—Si no baja por su cuenta, nos veremos obligados a sacarlo nosotros mismos.

Lorenzo permanecía en silencio, en resistencia pasiva, analizando al personal a su alrededor y planeando cómo escapar una vez que bajara.

Pero el destino no estaba de su lado. Otro guardaespaldas
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