Mientras tanto, en el hospital...
Aurelio había traído todo lo que Marisela necesitaba y lo colocó respetuosamente en la mesa junto a la cama.
—Gracias, siento haberte hecho venir. Por favor acepta el dinero del taxi que te transferí —dijo Marisela con una sonrisa.
—Señora, no sea tan amable, es mi deber ayudarla. Además, hice algo imperdonable al mediodía, debí haberle avisado que el señor Cárdenas vendría a buscarla —respondió Aurelio con expresión culpable.
—Estás bajo su mando, ¿cómo te atre