El tono elevado de su voz hizo que todos los empleados cercanos miraran hacia allí. Marisela estaba a punto de responderle cuando Celeste le puso una mano en el hombro, deteniéndola.
—Señora, si le molesta mi presencia, vaya a denunciarme. Busque a alguien de la empresa que se ocupe del asunto. Tanto alboroto, y ni siquiera su base de maquillaje barata puede ocultar sus patas de gallo —replicó Celeste con desdén.
—¡Tú! —Violeta Nahuelpán, ofendida por la despiadada burla, se enfureció al instant