¡Tan tarde y este loco de Lorenzo todavía acechándola! La llamada de anoche fue en vano.
—Te estás confundiendo de persona —murmuró Marisela en voz baja, intentando retirar su mano.
—¡Jamás me confundiría! Aunque te convirtieras en cenizas te reconocería. ¡Atrévete a mostrarme tu cara! —masculló Lorenzo entre dientes.
Pasó de sujetarla con una mano a aferrarla con ambas, apretando los brazos de la chica con tanta fuerza que Marisela frunció el ceño de dolor.
Marisela intentaba escapar o alcanzar