En medio de los comentarios se mezclaban conjeturas maliciosas, mientras los demás guardaban silencio, más interesados en el chisme que en otra cosa.Poco después, alguien anunció que el señor Orellana había llegado, y todos se callaron.
Pensaban que después de darle su tarjeta a Marisela, el señor Orellana bajaría con los otros ejecutivos, pero para su sorpresa, lo vieron sacar una tarjeta de su bolsillo, dejándolos perplejos.
¿Cómo era posible que el señor Orellana aún tuviera tarjeta? ¿Acaso l