—¿Qué quieres decir? —preguntó Celeste.
—Te lo diré en otro lugar — respondió Lorenzo.
Dicho eso, el hombre se alejó rápidamente por las escaleras. Sujetó firmemente la delicada muñeca de Celeste con su gran mano. Con pasos largos y veloces, ella tenía que casi correr para mantenerse a su paso.
—¿A dónde me estás llevando? ¡Suéltame! ¡Señor Vargas! —exclamó Celeste mirándolo con cautela. A pesar de su lucha y esfuerzo, no podía escapar de su agarre. No entendía qué estaba planeando Lorenzo. Sólo