En el club, Jacob estaba tomando copa tras copa mientras Isabella se aferraba a su brazo, mirándolo con preocupación. Lo persuadió:
—Jacob, bájale a la bebida. Si sigues así, te vas a poner hasta las chanclas.
—¿Por qué me obligan a casarme? ¿Por qué... ya ni siquiera puedo tomar en paz? Celeste...
Jacob apartó a Isabella y se tomó de un solo trago el resto de su bebida. Bajo las luces brillantes y coloridas, su apuesto y amable rostro mostraba una profunda tristeza. Lo único que tenía en mente