El hombre de mediana edad sonrió respetuosamente.
Celeste, algo sorprendida, comentó:
—¿Todo esto es para que yo elija? ¡Es demasiado!
Lorenzo, abrazándola con despreocupación, se encogió de hombros.
—No tienes que ahorrarle dinero a tu hombre.
Frente a ellos, una mesa repleta de antigüedades, que habían sido subastadas el día anterior, esperaba ser escogida.
Desde cierta distancia, Andrés sacó su talonario de cheques en silencio.
Las formas de consentir a una mujer de su jefe seguían superando