Celeste sacó su celular, pero antes de que pudiera ver quién llamaba, Lorenzo, con su actitud dominante, la tomó suavemente por el cuello, obligándola a mirarlo a los ojos.
—No contestes. Bésame.
—No seas pesado, necesito contestar la llamada.
—¿Es más importante el teléfono que yo? —Lorenzo arqueó una ceja, la molestia cruzando su atractivo rostro—. Bésame ya, o te tiro el celular.
Su amenaza, infantil y autoritaria, era tan típica de él.
Lorenzo disfrutaba sabiendo que siempre ocupaba el prime