Ella hizo una pausa y le preguntó a Lorenzo:
—Lorenzo, ¿quién está ella?
—En el cementerio del oeste.
El cementerio...
La pequeña y absurda esperanza de Celeste se desvaneció, y se mordió el labio:
—Quiero ir a verla.
—Claro.
—Lorenzo, ella murió en mi lugar... Y esa persona vino a matarme. No puedo dejar que muera en vano, ¡debo vengarla! —los ojos de Celeste brillaban con frialdad.
—Está bien, véngala. Primero come algo y recupera tus fuerzas, luego haz lo que quieras.
Durante estos días, su