El silencio reinaba la habitación.
Lorenzo la miró fijamente con sus ojos profundos durante unos segundos, y sus delgados labios se movieron ligeramente:
—Cielo, ¿qué opinas?
¡La llamó Cielo!
Celeste sintió una ligera conmoción en su corazón, ya que solo su madre la llamaba así.
Antes, Lorenzo siempre la llamaba por su nombre. Su grave voz sonaba como un susurro cariñoso entre amantes, como si estuviera coqueteando con ella.
Sin embargo, Celeste percibió un atisbo de frialdad en su mirada.
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