Hasta que se hubo bebido la mitad de un vaso de agua, Lorenzo finalmente se detuvo, suponiendo que ella ya había bebido suficiente.
Abrazándola, volvió a besarla por un rato, pero de pronto se dio cuenta de que algo andaba extraño con la jovencita en sus brazos. Él levantó la mirada, y vio que Celeste ya tenía los ojos cerrados, con la cabeza agachada débilmente.
El médico, para asegurar su descanso, había agregado somníferos a sus medicamentos, y ella se había quedado dormida.
Lorenzo entrecerr