Los ojos opacos de Celeste lo miraban fijamente.
En ese momento, en su mente...
El hombre frente a ella se le hacía familiar, como si lo hubiera visto en algún lado.
Abría y cerraba la boca, hablándole, pero ella no sabía qué le decía.
No lo sabía, ni le interesaba.
Estaba exhausta... no quería hablar.
***
Celeste estaba aún muy sucia, así que Lorenzo la cargó en brazos para llevarla a bañar.
Bajo el chorro de la regadera en el baño, Celeste ya estaba desnuda, recibiendo el agua tibia.
Lorenz