Paco se esforzó por mantenerse firme de pie, cubriéndose el pecho. Al ver al hombre quien lo había pateado, inclinó la cabeza respetuosamente para saludarlo: —Señor.
Yael, que se sentó en el auto, le dirigió una mirada fría a Jacob:
—¿Te atreves a golpear a mi subordinado?
Su tono no era hostil, pero entrecerró ligeramente los ojos. Todos los que lo conocían sabían que era un presagio de su enojo.
Jacob también lo miró con el rostro tenso. Le respondió en tono serio: —Yael, fui yo quien le pidió