Anoche, cuando Lorenzo revisó a Celeste, se dio cuenta de que sus heridas eran un poco graves, con desgarros e inflamación severa.
Volvió a aplicarle la medicina con cuidado, cubriendo todas las áreas heridas.
Tras terminar de curarlas, tiró el ungüento a un lado y, con sus grandes manos ardientes, atrajo a Celeste hacia él, besándola intensamente en los labios, como si quisiera devorarla por completo...
Poco después, Celeste se sentía floja y débil por el beso, con sus ojos brillantes y nublado