Por la noche, como siempre, Celeste iba a trabajar en el bar.
Cuando regresaba a casa, casi de madrugada, se lavaba y se acostaba en la cama. Pero de repente, el sonido del teléfono la despertó en medio de la adormecida modorra.
Abrió los párpados pesados, tomó el teléfono y vio que era una llamada de Andrés.
¿Por qué Andrés la estaba llamando tan tarde?
Celeste contestó la llamada:
—Andrés, ¿qué ocurre?
—Celeste, el jefe está hospitalizado. Te agradecería si pudieras venir al hospital a cuidarl