Los días siguientes en la oficina se convirtieron en un campo de minas emocional. Rodrigo no solo había traído a Isabella para "asesorar"; la había convertido en su sombra, en una presencia constante que ocupaba los espacios que antes eran nuestros. Yo intentaba mantenerme incólume, refugiada en mi despacho, pero él se aseguraba de que no pudiera ignorarlos.
—Alexandra, ven a mi oficina un momento. Necesito que revisemos el nuevo plan de expansión con Isabella —me dijo por el intercomunicador