Lo que vi a continuación me destruyó por completo. Thiago no lloró, no tuvo miedo, ni mostró confusión. En lugar de eso, soltó un grito de alegría contenida y saltó a mis brazos, rodeándome el cuello con sus manos pequeñas mientras reía bajito.
—¡Sabía que vendría! —exclamó con una felicidad pura, desbordante—. ¡Sabía que mi papá era un superhéroe como los de los cuentos! ¿Va a dormir aquí mañana? ¿Me va a enseñar a manejar su coche rápido? ¡Quiero enseñarle mis dibujos, mami! ¡Tengo un papá