La paz que había construido en este lugar alejado era un cristal fino que se rompió con el timbrazo de un teléfono a las tres de la mañana. Thiago dormía profundamente a mi lado, con una mano pequeña descansando sobre mi brazo, ajeno al mundo que estaba a punto de colapsar sobre nosotros. Al ver el nombre de mi abogado en la pantalla, el corazón me dio un vuelco. Sabía que no era una llamada de cortesía.
—¿Diga? —mi voz salió como un susurro roto, cargado del miedo que había intentado enterra