Dana toma con suavidad la muñeca de Devanie mirándola a los ojos mientras que trata de controlar su temperamento.
—Ven aquí.
Por ninguna circunstancia quiere que Kian pueda oirlas pues tiene miedo de que empiece a sospechar.
La cachorra deja que su madre la lleve lejos del calabozo mientras que las lágrimas siguen cayendo sin parar. Ellas están tan ensimismadas que no notan cuando alguien las está siguiendo.
Kian había logrado deshacerse de las cadenas y poco a poco su piel se restaura aunque