Dana se dirigió a donde estaba esparcida su ropa, sin embargo, no llegó demasiado lejos.
Las manos de Kian se anclaron en su cintura desde atrás y él la cargó ocasionando que ella se tensara.
Estaba tratando de calmar aquel deseo ardiente que palpitaba en sus venas, sin embargo, ahora llegaba él queriendo destruirlo todo.
—Kian, déjame en el suelo —gruñó Dana con los dientes apretados.
No quería hacer un escándalo, primero porque Devanie estaba durmiendo cerca y segundo porque si lo hacía otros