—Suéltame —gruñó con rudeza tirando de su brazo.
Enseguida comenzó a apartarse de él siguiendo el aroma de su mellizo pero como era de esperarse el macho la siguió colocando las manos sobre la cintura de Devanie quien gritó cuando la alzó y la metió en una habitación cerrando la puerta detrás de él.
El corazón de Devanie se aceleró llena de horror y miedo.
—Déjame salir.
El macho arqueó una ceja divertido y se rió de ella.
—¿No sabes quién soy, muñeca? Eso no importa —murmuró mientras se acerc