Dana mentiría si dijera que no era satisfactorio ver al Alfa del Norte arrodillado frente a ella sintiendo la necesidad de complacerla. Eso la hacía sentir poderosa, pero no tanto como la mirada que Kian le estaba dedicando.
En silencio él le alzó el vestido y ella terminó quitándoselo por encima de su cabeza. Kian gruñó suavemente deleitándose con la vista de sus pechos turgentes. Enseguida llevó sus manos cubriéndolos con caricias suaves.
Dana se mordía el labio inferior contemplándolo con oj