Aris se deslizó lentamente sobre su zona íntima logrando que ella gritara de dolor arrebatándole su virginidad.
—¡Oh Diosa... duele!
Él se tensó deteniéndose con la mandíbula apretada y los ojos ardiendo sobre su hembra.
Inhaló bruscamente intentando calmarse pero el aroma de su deseo solo provocó que su lobo la deseara con desesperación.
—Maldita sea, lo siento mucho. Tómame despacio, princesa. Me quedaré aquí hasta que se pase el dolor.
Las uñas de Diana se clavaron sobre los hombros de Aris